jueves, 1 de noviembre de 2007

Concepción de democracia y nueva cultura política en Chile

“El modelo de gobernabilidad o de transición a la democracia sancionó una concepción de democracia elitista, altamente segmentada y especializada. En su núcleo se ubica un número reducido de personas que, a su vez, controlan los recursos de poder: las cabezas de los ministerios políticos y los presidentes de los partidos políticos de gobierno y oposición. Reciben un soporte crucial de expertos y tecnócratas, como “asesores” internos o externos, cuya misión es anticipar o lidiar con crisis políticas, ciclos económicos del mercado globalizado o administrar contactos y “contenidos” de opinión que refuercen los consensos predefinidos de la propia elite o neutralicen a los posibles out-siders que puedan amenazarlos.”

“La noción de participación ciudadana se ha visto reducida a sus aspectos más instrumentales, respecto a la cual la gran masa de la población y los sectores intelectuales y políticos cercanos a ella advierten, tardíamente, su progresiva distancia y desafección. Sólo en ocasión de la crisis económica de los últimos años de la década del los noventa, comienzan a debatir voces críticas y visiones retrospectivas. Redescubren que no existió una discusión acerca de la participación ciudadana como un componente estratégico de la transmisión y, luego, de la gobernabilidad democrática, a pesar de la amplia legitimidad y adhesión publica de los primeros gobiernos posdictatoriales.”

“Que lo anterior no haya ocurrido antes probablemente se debió más a un cálculo específico de los protagonistas del proceso político de transición que a una supuesta incapacidad de la sociedad para hacerlo. Fueron estos conductores que inicialmente, apenas vuelta la democracia, concluyeron que carecían del suficiente poder frente a las rigideces de la Constitución del 80, la posible amenaza militar o la “intranquilidad” de los mercados de inversión: o, dicho de otra manera, que el costo político y económico de introducir incertidumbre institucional a cambio de lograr mayor calidad y profundidad democrática ponía en riesgo el pacto cupular que selló la suerte de la transición y con ello su propia posibilidad de acceso al gobierno. Esta decisión política inicial del conglomerado pro-democrático se transformaría, con el tiempo, en una opinión hegemónica en su interior, dando paso a una nueva cultura política muy distinta de la que portó el movimiento civil que derroto en las urnas a la dictadura.”

(Extracto del capítulo “Trayectorias, Redes y Poder: Sociedad Civil y Política en la Transición Democrática Chilena” escrito por Gonzalo Delamaza y Carlos Ochsenius, del libro la Disputa por la Construcción Democrática en América Latina. Coord.: Evelina Dagnino, Alberto J. Olvera, Aldo Panfichi. Editorial Fondo de Cultura Económica, México D.F., edición 2006.)